Català Castellano

Una New Age más allá del bien y del mal

Por Sue Alexander-Barnes
Publicado el 23 de junio de 2011

Sue Alexander-Barnes | 18 de mayo 2011

El reciente caso del doble suicidio en Washington de un hombre inglés y de su hijastra de 14 años de edad, es un claro recordatorio de los riesgos del culto neopagano y de ciertas prácticas de New Age. La pareja mantenía una relación romántica, y los dos eran wiccanos. La esposa, madre cristiana, la verdadera víctima de este horrible caso, cree que se quitaron la vida con la esperanza de pasar juntos la eternidad.

Wicca es un resurgimiento de creencias paganas y rituales de las décadas de 1950 y 60. No aprueba el asesinato, el suicidio o el sexo de menores, pero incluye el sexo ritual como una "práctica mágica". Se podría pensar, no sin razón, que la pareja estaba compuesta por enfermos mentales. Pero sería erróneo concluir que la práctica de la Wicca no tuvo influencia en el caso.
A diferencia de las grandes religiones del mundo, Wicca y otros grupos neopaganos carecen de directrices sobre el bien y el mal, y no admiten el concepto de mal absoluto. En su lugar, promueven el culto al yo, con resultados que van desde leves egocentrismos, o moderado afán de lucro, a la megalomanía con consecuencias trágicas (como en este caso).
Desgraciadamente, este enfoque centrado en el yo no está limitado a grupos "religiosos". New Age y el New Thought son términos que agrupan a una multitud de creencias y prácticas, basándose en fuentes tan diversas como el agnosticismo, el darwinismo y la teoría psicoanalítica de Jung. Sin embargo todos comparten algunos temas comunes, entre los que aparece la búsqueda de la realización personal, sucintamente expresada en la frase "si te parece bien, hazlo".
El término New Age hace referencia a la era astrológica inminente. Se espera que la Era de Acuario comience en torno al 2070, un hecho que no tiene importancia alguna, excepto para los cartógrafos estelares. Sin embargo, la era próxima es esperada con impaciencia por gente desilusionada, que mira con ansia el nacimiento de una era de iluminación, de libertad y de "sacra feminidad" (los Wiccanos rinden culto a una "triple Diosa " asociada a las distintas fases de la Luna). La Era de Piscis, en la que vivimos actualmente, abarca la totalidad de la era cristiana, y los de New Age creen que el paso de la Era de Piscis coincidirá con el final del cristianismo y del patriarcalismo.
En los EE.UU ha surgido un número elevado de iglesias pseudo-cristianas desde finales de 1800, con la promoción de filosofías del New Thought. La más popular de ellas es “Unidad”, cuyas enseñanzas incluyen una forma de cristiandad descafeinada, en la que Jesús no es más que un "maestro de verdades universales", y cuyo principal énfasis está en la curación espiritual. Un peligro real de esta filosofía es que las personas con graves problemas de salud son inducidas a menudo a poner su fe de manera exclusiva en métodos no científicos, tales como la energía de sanación.
La práctica de la curación espiritual o por la fe se ha consolidado en la industria del bienestar de la mayoría de los países desarrollados. Los tratamientos tales como la hipnoterapia y el Reiki deben mucho más a la filosofía de New Thought que a la psicología o la medicina, con excepción de la medicina tradicional china, cuyos expertos prefieren por lo general distanciarse del movimiento de la New Age.
Una creencia central que da unidad a las distintas prácticas de New Age es el inconsciente colectivo, llamado también esencia divina, la energía, Dios, o simplemente "el Universo". Este dios, aunque benigno, es una deidad impersonal que tiene poco que ver con el Dios personal y amoroso de Abraham. Marianne Williamson describe a Dios simplemente como "la energía, la idea del amor incondicional", en su libro “La Edad de los Milagros”, que estuvo varias semanas en la lista de best-sellers del New York Times al ser publicado en 2008. La teoría es que los seres humanos individuales, junto con las rocas y las ranas, forman parte de esta esencia divina, como una gota de agua en el océano. Uno de los lemas de New Age es "Todo es Uno". Conciencia individual y responsabilidad personal no ocupan los primeros puestos en los valores de New Age –ciertamente una mala noticia para la sociedad–.
New Age ha florecido de una cultura cada vez más relativista. Es lo suficientemente importante como para haber merecido un largo estudio del Vaticano, publicado en 2003. En él se trata con simpatía, pero sin medias tintas, el fenómeno de New Age, y llega a la conclusión de que "no exige una fe o creencia superior a la de ir al cine, y sin embargo parece satisfacer apetencias espirituales de la gente". Los teólogos del Vaticano sugirieron que la mayoría de New Age son buenas personas que han sido atraídas por falsas promesas de una vida más fructífera, y se sienten atraídas por el movimiento como resultado de la pobreza espiritual en la cultura occidental. Una superficial semejanza con la ascética cristiana y un misticismo oriental pueden hacer que New Age aparezca atractivo a muchos que buscan sinceramente la verdad.
Es menos claro el que estén dentro de estas buenas personas los que ganan mucho dinero con el tema. Algunos son ciertamente sinceros, pero no se puede negar que muchos gurús, como Bob Proctor y Jack Canfield, han amasado fortunas con el hambre espiritual de los demás. Ambos aparecen retratados en una película de 2006 "El Secreto", basada en otro best-seller del New York Times por la australiana Rhonda Byrne, que pretende difundir un conocimiento celosamente guardado por la élite de la sociedad durante cientos de años (se estrenó en la misma época que “El Código Da Vinci”).
Este "secreto" es la Ley de la Atracción, en esencia la magia blanca vestida en un lenguaje pseudo-científico. La ley, otro tema fundamental de New Age, establece que nosotros atraemos nuestra realidad por medio de nuestros pensamientos, que irradian hacia el cosmos como la luz y el calor. Los pensamientos de carácter negativo atraen resultados negativos, mientras que los positivos traen cosas buenas a nuestras vidas. Los maestros exhortan a sus clientes a evitar los pensamientos negativos a toda costa, porque todos los pensamientos se "manifiestan" inevitablemente como realidad. Tal control policial del pensamiento es ciertamente tan cruel y degradante para la humanidad como si fueran impuestos por Mao o Stalin.
En cualquier caso, cuando se estudia detenidamente esta explicación de nuestra realidad se llega a conclusiones obviamente inaceptables. Por ejemplo, podríamos preguntarnos por qué Hitler hizo lo que hizo y por qué los judíos tuvieron que sufrir tanto bajo el régimen nazi. Un defensor de "El Secreto" tendría que concluir lógicamente que Hitler no era más que una fuente equivocada de radiación de bajo nivel, una especie humana de Fukushima, y que sus víctimas –todas ellas– atrajeron de alguna manera su desgracia por emisión de señales erróneas al universo. Perfectamente descabellado.
New Age dedica escasa atención a la razón, la ciencia o la tecnología, aparte de la mención ocasional a la física cuántica, y del uso generalizado de Internet para hacer proselitismo y beneficio. Los “Nuevos Ateos”, como Richard Dawkins, con su monopolio sobre la profesión de fe en la ciencia y la razón, deberían lógicamente dirigir sus ataques contra los dioses irracionales y perjudiciales de New Age, en lugar de contra el Dios del judaísmo y el cristianismo.
Considerando todas las cosas, preferiría estar atrapada en una mina con un nuevo Ateo lleno de cicatrices de combate, que con un devoto de New Age. Seguro que tendría las cualidades humanas necesarias para relacionarnos amigablemente a través de la discusión, y la conversación sería definitivamente mucho más viva. New Age tiene mucho que decir sobre energía espiritual y bondad, pero al final no da ni una ni otra, simplemente se escurre. Esperemos que la realidad y la razón vuelvan a ponerse de moda.
Sue Alexander-Barnes
escribe desde Sheffield, en el Reino Unido
Comparte