Tuve la suerte de participar en el acto de Bienvenida de Benedicto XVI, en la Plaza Cibeles de Madrid, al que asistieron varios centenares de miles de jóvenes. Lo que dijo el Papa aquel día era el anuncio de lo que a lo largo de cuatro días pediría a los jóvenes del mundo entero. En su discurso de bienvenida, no escondió la centralidad que ocupa, en la pastoral de la Iglesia Universal, la Jornada Mundial de la Juventud, donde "toda la Iglesia tiene puestos los ojos". Una
centralidad en el esfuerzo evangelizador y, por ello, en línea con otros discursos de bienvenida de la JMJ, el Papa hizo una referencia a los no creyentes y a los alejados de la Iglesia. Es como si Benedicto XVI quisiera expresar los verdaderos objetivos de la JMJ, que no son otros que dar una respuesta a los grandes interrogantes de la juventud, una respuesta que sólo se encuentra en Cristo. Y siempre con palabras delicadas y respetuosas.
Buscar y encontrar a Jesucristo, da el verdadero sentido a la JMJ: es para eso y para nada más. En el comentario al evangelio proclamado para tal ocasión, afirma que las palabras de Jesús no deben pasar como el viento, o no deben quedar como la voz de un personaje lejano, son palabras que nos han de tocar el corazón. Él es la "roca firme" sobre la que se puede edificar una vida sólida y una conducta que da sentido a la existencia y que apunta, lo afirma Benedicto XVI sin miedo, "hacia la meta de la santidad".
El Papa es consciente de la dificultad para presentar la centralidad de Jesucristo en la vida de los jóvenes de hoy, donde se escuchan tantas voces, tantas propuestas, tantos eslóganes. Pero invita a buscar a quien da de verdad palabras auténticas, que ofrece una vida que "ni la muerte puede destruir". Invita a encontrarse con Jesús y cambiar la vida, y a dar así testimonio a los demás, con una alegría que contagia.
Muchas propuestas que recibe la juventud dan el fruto contrario, una existencia vacía que se nota de tantas maneras. El vacío provoca que uno se sienta "dios", y por tanto dueño de lo que es verdad o no, lo que está bien o no, o dueño también de la vida humana, en una referencia velada al aborto ya la eutanasia (sin citarlos) que fue ampliamente destacada por determinados medios de comunicación.
También el discurso invita a aprovechar un sacramento primordial para el encuentro con Cristo, el sacramento de la penitencia. Una oportunidad, la de confesarse, que edición tras edición va ganando cada vez más peso en la JMJ.
En síntesis, el Papa explicó para qué sirve la JMJ, es una oportunidad para todos los que buscan algo que dé sentido a la vida, es una oportunidad para que los anhelos de los jóvenes se encuentren con Jesucristo para edificar una vida santa, y así dar testimonio en un mundo tantas veces vacío de sentido y de autenticidad.
Francesc Xavier Bisbal i Talló