Los críticos de la religión claman a menudo contra el peligro del fundamentalismo. Sin duda, muchas convicciones filosóficas y visiones del mundo corren el riesgo de una exageración y estrechez de miras que puede conducir aun extremismo político. Pero esto es tan válido para los movimientos laicistas; tal vez incluso más que para los religiosos. Por tanto, es lamentable observar cómo el término "fundamentalismo" se está convirtiendo en instrumento de la demagogia de los movimientos laicistas, que son ciertamente más extremistas, mucho más, que cualquiera de los grupos religiosos a quienes dirigen esa crítica.
Con etiquetas secularistas extremas intentan desacreditar la posibilidad de que los creyentes puedan tener el derecho a manifestar su creencia a través de actuaciones prácticas. En ese sentido ellos tildan de "fundamentalista" cualquier creencia religiosa genuina (es decir, cualquier creencia que tiene consecuencias prácticas) e intentan subvertir el derecho de todos los ciudadanos a actuar según su conciencia.
Un ejemplo de esta táctica llamó la atención en el Observatorio de la Intolerancia y Discriminación contra los Cristianos en Europa. Un grupo que se autodenomina la Federación Humanista Europea (EHF) mandó un documento al proyecto de investigación RELIGARE, de la Comisión Europea. Ahora bien, el objetivo de RELIGARE es explorar las respuestas políticas adecuadas a la diversidad religiosa y cultural que se dan en la realidad social de Europa. Sin embargo resulta patente que el propósito de la EHF es desalojar la religión de la plaza pública y restringir seriamente la libertad de actuación de los ciudadanos de acuerdo con su religión y su conciencia.
Hay dos puntos importantes que parecen escapar a la atención de los "humanistas": en primer lugar, que las decisiones de la conciencia (como la "objeción de conciencia" contra el aborto y la eutanasia) suelen estar basadas en razonamientos bien fundados y no en unas creencias religiosas, y, en segundo lugar que, incluso si la objeción de conciencia se basara en una religión, todavía quedaría en pié el "derecho a manifestar la propia religión o creencia en la enseñanza, práctica, el culto y seguimiento". Esto se reconoce explícitamente como un derecho humano en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Convención Europea de Derechos Humanos y en la Carta de la Unión Europea de los Derechos Fundamentales.
Esto no descarta el riesgo del fundamentalismo (religioso y secular). Pero resulta imprescindible que todos los participantes en este debate entiendan lo que es, y lo que no es fundamentalismo. El término tiene su origen dentro de la comunidad protestante de los Estados Unidos en el siglo 20, en la que aquellos que no admitían ciertas creencias teológicas irreductibles (los "fundamentos") debían ser se considerados ajenos a la comunidad cristiana.
Hoy en día el término "fundamentalismo" describe una observancia ciega y acrítica y un desprecio de los hechos ante la fe o la ideología. Esta visión negativa no es válida para la mayoría de los cristianos. La base del cristianismo, como viene establecida, por ejemplo, en la enseñanza autorizada de la Iglesia Católica, no consiste en una interpretación literal de todas las palabras de la Escritura, sino en una tradición viva, que integra la revelación divina, la filosofía clásica y la ciencia moderna.
La apertura y adaptación a las posiciones filosóficas y teológicas con los conocimientos científicos es un rasgo característico del cristianismo. Esto explica por qué la Iglesia Católica siempre ha promovido y patrocinado la investigación científica. De hecho, algunos de los descubrimientos científicos más importantes fueron hechos por católicos practicantes, entre ellos muchos sacerdotes (como Nicolás Copérnico y Gregor Mendel). Sin embargo, la investigación científica no debe ser llevada a cabo en un vacío moral: los objetivos y métodos de investigación tienen implicaciones morales que hay que tener en cuenta. A la inversa, los juicios morales deben basarse en hechos científicos.
Un ejemplo de esto es la doctrina de la Iglesia sobre el aborto. Paradójicamente, algunos abortistas actuales reclaman a la Iglesia que vuelva a la posición de algunos teólogos de la Edad Media, según la cual el feto no debería ser considerado un ser humano hasta el segundo mes de embarazo. Esto correspondía a una opinión sostenida por muchos científicos de aquella época que trazaba un paralelismo entre el acto conyugal y la siembra de una semilla en tierra fértil. Esta visión tuvo que ser revisada cuando se descubrió que las mujeres producen las células ovulares, y que cuando una célula ovular y un espermatozoide se fusionan en el momento de la concepción tiene lugar el inicio de la existencia de un nuevo ser humano, con una identidad genética determinada. Contrariamente a un estereotipo frecuente en los medios de comunicación, la Iglesia Católica forma sus juicios morales sobre la base de la más reciente investigación científica, que es ignorada por los laicistas "progresistas" e "ilustrados" cada vez que entra en conflicto con sus propias opiniones preconcebidas.
De hecho, es precisamente la autoridad magisterial de la Iglesia la que protege a los católicos de subjetivismo, de fideísmo y de fundamentalismo. Otros sistemas de fe, incluidos los no religiosos, están mucho menos defendidos ante tales tentaciones. Esto se ve fácilmente en el caso del Islam (que se basa en una escritura sagrada que debe ser entendida en su sentido literal), y también en las ideologías seculares del siglo pasado que tenían pretensiones "científicas" (el materialismo dialéctico del comunismo y el concepto nazi de una raza humana biológicamente superior), que nadie podía poner en duda.
La fe incondicional –y por lo tanto no científica – en la evolución (en contraposición a una postura crítica que contempla cualquier teoría científica como meramente preliminar, y que tiene en cuenta los límites propios de la ciencia empírica) puede, en ese sentido, también ser descrita como un fundamentalismo secular.
La Dra. Gudrun Kugler ejerce la abogacía en Viena, es fundadora del Observatorio de la Intolerancia y la Discriminación contra los Cristianos (Observatory on Intolerance and Discrimination against Christians) y asesora de la Plataforma de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (Fundamental Rights Agency). El presente artículo es un extracto del presentado a RELIGARE: Roadmap Towards Freedom of Religion in Europe.
Gudrun Kugler | MercatorNet - 19 de julio 2011