Giovanni Cucci | 20 Julio 2010.
El escándalo del abuso sexual de niños por sacerdotes y religiosos ha causado un daño indecible a la reputación de Iglesia Católica. Presentamos un extracto de la entrevista de Edward Pentin al sacerdote y psicólogo, padre Giovanni Cucci SJ, coautor de un libro que trata acerca de este problema.
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¿A qué conclusiones llegan en su libro?
El libro trata de presentar la personalidad compleja del pedófilo (o pederasta), las posibles causas de pedofilia (o pederastia) y señala cuales reclaman la atención de cara al diagnóstico y el tratamiento, enfocando la cuestión específicamente en los sacerdotes pedófilos de la Iglesia Católica.
Ha de quedar claro que el problema de los abusos sexuales de los niños ha existido siempre en nuestra sociedad. Hoy día existe una gran sensibilidad entre los ciudadanos. Esta es una de las razones por las que estos penosos sucesos han llamado tanto la atención en los últimos años.
Sin embargo en medio del clamor general hemos encontrado un extraño silencio en aquellos que conocen el problema más que nadie y que tenían el poder de hablar. Me refiero al silencio de los que trabajan en el mundo de la educación y que tienen experiencia en el trato con niños (padres, maestros, monitores deportivos, líderes comunitarios, sacerdotes) y de aquellos que, como expertos, pueden proporcionar comentarios acerca del tema de la pedofilia: psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas.
Difícilmente se encuentra en los periódicos de los últimos meses algo que vaya más allá de la denuncia del caso, que
ofrezca una reflexión amplia del problema, la investigación de sus causas, las posibilidades de prevención y que ofrezca propuestas terapéuticas adecuadas. Hay una casi completa falta de acción en este frente, no sólo en forma de opiniones, declaraciones, entrevistas, sino también cuando se trata de dar publicidad al tema.
Una razón para esta deficiencia, desde nuestro punto de vista, es que el tema de la desviación y de la perversión se ha ido haciendo cada vez más marginal en el ámbito de la psiquiatría y de la psicología, algo que hace indudablemente difícil operar de acuerdo con de la seriedad del problema. A esta deficiencia se añade una ambigüedad curiosa: nuestra cultura, al mismo tiempo que estigmatiza estos actos, olvida que en el pasado la sociedad no sólo los ha tolerado, sino que los ha estimulado públicamente.
El clima cultural y político de los 70 y 80 trató pública y repetidamente de justificar la pedofilia, sin que encontrara oposición ni crítica. En 1998, el Partido Radical Italiano llegó a publicar un documento titulado: "Pedofilia e Internet: viejas obsesiones y nuevas cruzadas", en el que entre otras cosas se afirmaba: “En un estado de derecho, ser un pedófilo, proclamar serlo o incluso defender su legitimidad, no puede ser considerado un crimen; la pedofilia, al igual que cualquier otras preferencia sexual, se convierte en crimen cuando perjudica a otra persona”
Igual ocurrió en Alemania – algo que también ha aparecido ahora en las noticias. En 1999, la Humanistische Union (HU)
de Berlín batalló para que se permitiera la pornografía y todos los actos sexuales “consentidos”, incluyendo con menores. Mirando a las noticias más recientes, uno puede quedarse atónito al conocer el nacimiento oficial de un partido pedófilo legalizado en Holanda en 2006.
Todo lo que ha pasado por tanto puede ser situado dentro de un contexto cultural más amplio, en el que con frecuencia se encuentran la aceptación acrítica, la aprobación de las transgresiones y perversiones como manifestaciones de libertad y de espontaneidad. Nos encontramos en una cultura que tiene una visión totalmente negativa de los valores y de la ley moral.
La pedofilia es una perversión y debe ser reconocida como tal. Por razones éticas y psicológicas debe ser rechazada cualquier proclama a favor de su reconocimiento como algo normal.
¿De qué manera puede la psicología ayudar a determinar si un sacerdote tiene tendencia hacia la pedofilia, y qué síntomas hay que buscar para ello?
El pedófilo es una persona atraída sexualmente por chicos o chicas menores de 13 años. La mayoría de los abusos perpetrados por sacerdotes católicos está más relacionada con la efebofilia, en la que la atracción es hacia adolescentes.
Resulta muy difícil definir con precisión la personalidad del pedófilo, porque aquellos que cometen los abusos raramente revelan sus tendencias y modos de pensar. Debe decirse también que muchos casos se mantienen secretos por vergüenza o temor a las consecuencias. A partir de los últimos estudios realizados en Italia se desprende que la inmensa mayoría de los abusadores son hombres: de acuerdo con los datos de Censis en 2000, la mayoría de los abusos (84-90 por ciento) tuvieron lugar en el ámbito de la familia y el 27 por ciento de los perpetradores fueron miembros próximos de la familia; es decir, se trata de casos de incesto.
Existen algunas llamadas de alerta: intereses de tipo infantil, falta de una orientación sexual bien definida, una historia de desviación sexual, hiper-sexualismo o represión sexual en la familia, haber sufrido abuso sexual en la infancia, o una educación deficiente carente de afecto y de comunicación. Naturalmente la situación debe ser considerada en su conjunto, especialmente si el estudio de un elemento conduce a otro.
¿Qué posibles soluciones hay para el problema?
Una situación de efebofilia, desde el punto de vista terapéutico resulta una situación relativamente favorable.No es un psicótico. En el caso del pedófilo, se trata de una persona enferma, que sólo puede contener y controlar sus acciones con la ayuda de un especialista.
¿Cómo debería tratar este problema la Iglesia y la sociedad en general?
La denuncia de los casos es importante, pero no suficiente. A falta de puntos de referencia profesionales, esto puede degenerar en lo que Philip Jenkins ha denominado “pánico moral”, una información que, en lugar de llevar a acometer el problema en sus auténticas dimensiones, provoca miedo y pánico y lleva a un bloqueo generalizado, sin aportar criterios de análisis y de intervención.
Cualquier contacto con un niño crea entonces la sospecha de pedofilia. Con esto se perjudica a las víctimas potenciales
y se las deja más indefensas. Puede dejarlas más aisladas durante un periodo de desarrollo en el que el educador resulta indispensable. Un ejemplo concreto. En muchos jardines de infancia se deja de cuidar y limpiar los niños en todo el día; los profesores no se atreven a tocarlos por miedo a ser acusados de pedofilia. Estas son consecuencias típicas del pánico moral; y los que pagan las consecuencias son los niños.
En lo que respecta a la Iglesia, muchos afirman que el Vaticano no tiene procedimientos para tratar el tema de los sacerdotes pedófilos más allá de su reducción al estado laical. Por supuesto esto puede ser justo y correcto de acuerdo con el Código de Derecho Canónico, pero no puede decirse que esta opinión responda a lo mejor, ni para las víctimas en potencia, los niños, ni para el culpable. En efecto, éste retorna a la sociedad dejado a su arbitrio, y vuelve a cometer abusos. Tal es el caso de James Porter, un antiguo sacerdote de la diócesis de Fall River (Massachusetts), que no fue penado por las autoridades civiles una vez reducido al estado laical, que se casó y que tras algún tiempo fue acusado de intento de abusos con la niñera de sus hijos.
Hace falta una selección y una preparación cuidadosa por parte de los formadores y superiores que tienen la responsabilidad sobre los que desean ser sacerdotes o religiosos. Es necesario conocer el candidato en su dimensión humana, especialmente en su emotividad y sexualidad. Debe tener una emotividad vinculada a la espiritualidad y al ideal del sacerdote.
Los pedófilos se caracterizan por una desoladora pobreza espiritual, y la raíz de su comportamiento se encuentra en un estado de infantilismo. Desde la perspectiva de las ciencias humanas, es importante constatar la madurez emocional y el equilibrio global y el control de los impulsos que son requisitos básicos para un hombre de Dios, tal como han señalado algunos documentos recientes de la Iglesia.

Algunos dicen que la pedofilia está vinculada a la homosexualidad ¿qué hay de cierto en esta afirmación?
No hay conexión entre pedofilia y homosexualidad, de la misma manera que no la hay entre celibato y pedofilia. Como se ha citado antes, la mayoría de los pedófilos están casados y tienen hijos. La personalidad del pedófilo es muy compleja. Debemos estar al tanto del uso de etiquetas fáciles que pueden darnos la impresión de que así entendemos más fácilmente el fenómeno.
Edward Pentin writes from Rome. Father Giovanni Cucci SJ and Father Hans Zollner SJ are the authors of 'Chiesa e pedofilia. Una ferita aperta. Un approccio psicologico-pastorale´ (The Church and Paedophilia. An Open Wound. A Pastoral-Psychological Approach) Milan, Ancora, 2010.
Mercatornet 20 de julio de 2010