En previsión de la decisión del 30 de junio en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos acerca de la prohibición de la presencia de cruces en las escuelas italianas, el Arzobispo de Kaunas Sigitas Tamkevicius, Presidente de la Conferencia Episcopal de Lituania, compara la reglamentación a la persecución soviética de la identidad nacional en un pasado próximo. Precisamente en la celebración de los 20 años de la recuperación de su independencia, Lituania recuerda de qué manera su famosa ermita de la “Colina de las Cruces” fue demolida tres veces por las autoridades soviéticas.

La decisión del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de 3 de noviembre de 2009 de prohibir el uso de símbolos religiosos, incluido el crucifijo, en edificios públicos, es inquietante debido a sus posibles ramificaciones para la cultura, identidad, tradiciones y libertad de nuestra nación. Una decisión como esta crea un precedente peligroso de imposición por las instituciones internacionales de cierto sistema de valores “uniforme” que refleja una única visión global sobre estados y sociedades que se caracterizan por una diversidad de culturas y de tradiciones. A este respecto vale la pena llamar la atención sobre los temas de libertad religiosa, separación de Iglesia y Estado y a los derechos humanos individuales y colectivos.
No puede existir una nación sin cultura ni tradiciones. Por que es precisamente la cultura y la tradición lo que da a la sociedad y a la nación su carácter distintivo y su identidad. Por otra parte, cultura y tradición están siempre vinculadas a ciertos valores y formas de vista morales, que son mantenidos por aquella sociedad como adecuados a ella y que tienen con frecuencia raíz religiosa. La visión ética que soporta una cultura no puede ser separada de aquella cultura sin destruir simultáneamente esta misma cultura. Una cultura separada de sus raíces valores y morales pierde inevitablemente su vitalidad y se extingue al fin.
Una nación no puede ser libre si no puede privada y públicamente cultivar sus tradiciones y su cultura y emplear los símbolos que expresan aquella cultura y aquellas tradiciones. Los que ocuparon nuestra nación entendieron esto muy bien cuando se esforzaban en suprimir nuestra libertad, romper nuestro espíritu y debilitar nuestra conciencia nacional. No hace tanto tiempo que nuestra nación sufrió durante un largo período cuando los símbolos nacionales, estatales o religiosos fueron destruidos y cuando cualquiera que empleara aquellos símbolos era perseguido.
Hoy en día, el derecho de las sociedades, comunidades y naciones a cultivar su identidad, cultura, tradiciones y religión es presentado con frecuencia como algo opuesto a los derechos humanos individuales. No se debería olvidar sin embargo que los derechos humanos no existen en el “vacío”, en un espacio de valores neutros. Siempre existen en un contexto social y cultural específico. El derecho humano a cultivar su propia identidad cultural, nacional y religiosa perdería todo su sentido en ausencia del respeto al derecho de los grupos nacionales, religiosos o de formas de pensar,a mantener sus valores y tradiciones. Por esta razón los derechos humanos individuales no deben ser satisfechos de manera que nieguen el derecho de una nación o comunidad a cultivar su identidad y de transmitirla a las generaciones más jóvenes como un legado de cultura y tradición
Cuando se da la prioridad al individualismo egocéntrico, permitiendo a los individuos el empleo de instrumentos para limitar el derecho de la comunidad o sociedad a cultivar ciertos valores o tradiciones simplemente porque alguno está en desacuerdo con ellos o intranquilizado por ellos, entonces no se está favoreciendo una difusión auténtica de los derechos humanos.
La separación entre Iglesia y Estado, con tanta frecuencia mencionada en discusiones en público, no significa que los símbolos religiosos y las tradiciones, que forman parte del legado cultural y de la identidad de la nación que vive en y constituye un estado, deban ser eliminados de los espacios públicos, instituciones y escuelas. Todo aquello que sustenta el legado cultural de nuestra nación tiene el derecho a ser cultivado en la sociedad, el estado y las escuelas. Resulta absurdo expresar un interés en mantener la preservación de la cultura nacional y prohibir al mismo tiempo el uso de símbolos que expresan esta cultura.
Con la prohibición de la exhibición de los símbolos religiosos en las escuelas, una sociedad perdería su capacidad de transmitir la identidad y valores expresados por aquellos símbolos a las generaciones futuras. Se arriesgaría por tanto a perder las raíces de su identidad y las perspectivas de preservar esa identidad en el futuro.
Se hace necesario también hacer notar que el principio de estado laico contenido en la Constitución de la República de Lituania no significa que el estado deba oponerse al ejercicio público de los símbolos religiosos o de las tradiciones religiosas que forman parte del legado histórico y cultural de la nación. Reclamando la retirada de los símbolos religiosos de los espacios públicos o escuelas no prueba, como se expresa algunas veces, la neutralidad del estado y la garantía de un verdadero pluralismo. Tal requisito simplemente muestra que, oscurecido por eslóganes de neutralidad y secularizad, se está dando prioridad a una cosmovisión atea y a una ideología laicista.
El Crucifijo simboliza el amor de Dios mismo, que se hizo hombre y dio su vida en favor del futuro de la humanidad, hacia cada persona humana, con independencia de su nacionalidad, raza, sexo, edad o estado de vida. El símbolo de la cruz da testimonio del calor de la persona humana a los ojos de Dios.
Y es precisamente la noción del ser humano como persona creada a imagen y semblanza de Dios lo que fue fundamento para el desarrollo de la cultura europea y de la civilización occidental. La presencia del símbolo de la cruz en espacios públicos y en instituciones educativas da testimonio de estas raíces culturales de Europa y, al mismo tiempo de nuestra nación. El principio fundamental de la libertad religiosa significa libertad para profesar la religión de la propia elección, practicarla y promoverla. Sin embargo, la mera presencia de la cruz en los espacios públicos no conduce ni tiene capacidad de conducir a aceptar una fe, ni pone límite a profesar otra religión y promoverla.
Por todas estas razones es fuente de preocupación la decisión del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, ya que altera la noción de libertad de religión y crea algo que es esencialmente el nuevo “derecho humano” a no ser molestado por los símbolos religiosos que no le gustan a uno. La aprobación de tal precedente significaría que cualquier individuo que se siente molesto con símbolos que expresan la cultura del lugar en que reside, podría iniciar una acción legal sin necesidad de razones bien fundadas contra el estado ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos
Por esta razón celebramos la decisión del Gobierno Lituano de unirse a otros países en su apoyo a Italia ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, participando como un tercer demandante que se esfuerza por defender el derecho de los estados y naciones a cultivar su cultura y las tradiciones y valores que ellos decidan. Europa sólo puede sobrevivir si hay respeto por la libertad de las naciones que la componen a cultivar su cultura y las raíces cristianas de su cultura.
Sigitas Tamkevicius | 23 June 2010
Mercatornet, 23 de Juny 2010
Sigitas Tamkevicius es Presidente de la Conferencia Episcopal de Lituania