Cada año el alcalde de Tarragona se reúne con las Teclas que hay en la ciudad. Nunca son mucho más de una veintena y la mayoría son mayores. A las niñas apenas se les pone hoy el nombre de Tecla, porque suena a piano o, simplemente, porque no está de moda.

Pero esta realidad no está reñida con el mantenimiento de la devoción a Santa Tecla que se remonta como mínimo al siglo XI, si hablamos de pruebas documentales, época en la que se restaura el culto en la Catedral y se dedica a la santa. Prueba de que la devoción sigue vigente ha sido el congreso internacional celebrado en Tarragona a finales de
octubre.
Especialistas de diversos países del mundo han acudido para aportar los conocimientos que hay sobre la discípula de San Pablo, quien, en caso probable de que hubiera estado en Tarraco, habría sido quien introdujera aquí la devoción a la santa.
En el congreso ha quedado claro que Santa Tecla no es una invención piadosa, sino un personaje de carne y hueso que nació en Iconio (población de la actual Turquía) y que conoció al gran apóstol durante el viaje que le llevó también a Pisídia, Listra y Derbe.
Según la tradición, la joven quedó removida por las palabras de Pablo y decidió entregarse a Dios en vez de hacerlo a su pretendiente, cosa que causó gran enojo no sólo en la familia del novio sino también en la suya propia, origen de numerosos tormentos que la santa fue superando con fe en el Señor.
Se supone que la leyenda, para embellecer este combate de la fe, puso los leones, las serpientes y otros tormentos en la vida de santa Tecla. Lo que no es leyenda, sino historia, es que el culto a la santa comenzó muy pronto y se extendió por Oriente, donde ella habría hecho una amplia acción apostólica.
Un escrito apócrifo del siglo II, el Acta Pauli et Theclae, es prueba de esta devoción, que movió a Gregorio Nacianceno (siglo IV) a asimilar a Tecla a la Susana bíblica.

Las jornadas del congreso contaron con participación de expertos de diversas naciones y representantes turcos. Ha supuesto el estreno, por todo lo alto, del espacio llamado El Seminari, rehabilitado por el arzobispo Jaume Pujol para realizar desde él una amplia labor cultural y espiritual que tendrá desde ahora muchas otras manifestaciones.
A. Coll Gilabert
Fotos de la web del Arzobispado de Tarragona