MercatorNet
| 29 de noviembre 2011
La mente humana puede compaginar flagrantes contradicciones, pero para ello debe bloquear ciertas verdades desagradables. De repente ha saltado en Filadelfia una verdad realmente incómoda, al ser descubierta a principios
de este año una verdadera Casa de los Horrores, una clínica abortista. En esta clínica fueron asesinados niños viables después haberse completado su nacimiento inducido. El personal de la clínica ha testificado que en cientos de ocasiones bebés de segundo y tercer trimestre que respiraban, se movían, e incluso lloraban, fueron asesinados cortándoles el cuello o rompiéndoles la espina dorsal.
Casi todo el mundo está de acuerdo en que la muerte de los recién nacidos constituye un asesinato. Y esta es también la ley por la que el Dr. Kermit Gosnell, propietario de la clínica, podría enfrentarse a la pena de muerte si es declarado culpable. En las últimas semanas, cinco de sus empleados se han declarado culpables de varios cargos, incluyendo asesinato, y algunos pueden ser condenados a cientos de años de cárcel.
Sin embargo los abortos tardíos no son ilegales en Canadá ni en muchas partes de los Estados Unidos, incluso si tienen lugar justo antes del momento del nacimiento natural. Si Gosnell hubiera decidido actuar de manera clínicamente aceptable por desmembramiento o muerte del feto dentro del útero antes de su nacimiento, muy probablemente sería ahora un héroe a los ojos de muchos por proporcionar un servicio esencial que permite a las mujeres ejercer sus derechos. Quién sabe si podría haber obtenido la distinción civil más alta; hace tan solo tres años que se otorgó la Orden de Canadá a Henry Morgentaler, un hombre que afirma haber realizado personalmente más de 100.000 abortos.
¿Estoy yo enferma, o hay una situación de esquizofrenia en una sociedad que clama y reclama con indignación ante el asesinato de un niño a la luz del día, pero que la aprueba tranquilamente cuando ocurre en la oscuridad de la matriz? Estamos hablando aquí del mismo niño, exactamente en el mismo momento de la gestación; la única
diferencia reside en la ubicación del difunto. Si somos capaces de matar a un bebé en el vientre, ¿por qué no fuera de la matriz? Muchos bebés viables son condenados a muerte en las clínicas de aborto tardío en todos los Estados Unidos, tal vez algunos en Canadá. Nosotros lo llamamos "aborto", pero a la luz del día, estas acciones son claramente "asesinato".
El Informe del Gran Jurado en el caso Gosnell incluía algunas fotos de los bebés viables abortados, que se habían encontrado en la clínica. Como madre de tres hijos, mi corazón se disparó a la vista de estos pobrecitos. Hacía apenas ocho semanas que yo había dado la bienvenida al mundo a mi hijita; y aquellos bebés parecían iguales que ella. Niños completamente formados, físicamente perfectos y totalmente indefensos, que a la hora de su entrada en el mundo dependían totalmente de los cuidados de los demás. Uno de los empleados de Gosnell testificó que alrededor de diez de estos niños eran lo suficientemente grandes como para llevar ropa de bebé:
Pregunta. ¿Y qué pasó con los diez bebés que habían salido ya de su madre, que eran lo suficientemente grandes para que usted pudiera ponerles la ropa y llevárselos a casa y cuidarlos, y que se movían, qué vio usted que les sucedía?
Respuesta. Los mató.
Esta es la cruda realidad de todo aborto tardío. Ninguno de los hermosos e inocentes bebés puede ser sustituido, y la pérdida de sus vidas es ciertamente lamentable. Es evidente que la práctica de Gosnell fue horrible, pero hay que preguntarse por qué no es acusado del mismo delito todo abortista tardío.
Muchos defensores del aborto reaccionaron ante las noticias de la clínica de Gosnell, culpando a las leyes que restringen el acceso al aborto. Su argumento era que cuando el aborto tardío es ilegal, como lo es en Pennsylvania,
las mujeres embarazadas deben recurrir desesperadas a clínicas de aborto sucio y peligroso, como la regida por Gosnell. De hecho, Gosnell también está siendo acusado de la muerte de dos mujeres, y muchas otras sufrieron complicaciones médicas derivadas de sus procedimientos. Pero en estos argumentos de los defensores del aborto falta algo esencial, porque las mejores condiciones clínicas no protegen en definitiva las vidas de aquellas pequeñas criaturas. Obviamente, la pérdida de esas vidas es aceptable para quienes defienden los abortos, ya que es parte del precio que están dispuestos a pagar por el supuesto derecho de elección de una mujer.
Tal vez me digan que el "feto" no es realmente un niño, pero no lo es hasta que... ¿hasta cuándo? Cada uno tiene diferentes criterios. Algunos creen que no es un bebé hasta su nacimiento, los demás hasta el momento arbitrario de la viabilidad fuera del útero; algo que resulta variable en función de la tecnología médica. En ese momento incierto, "parte del cuerpo de la mujer" que tiene forma de niño se transforma al parecer en un ser humano. Estos argumentos van en contra del sentido común, y me pregunto cuántas personas se los creen realmente.
Hoy más que nunca es difícil mantener el mito de que el feto es sólo una parte de la mujer en lugar de un individuo singular. La tecnología, la ciencia y la medicina nos han puesto de manifiesto la verdad con cegadora claridad. En mi
primer embarazo me hicieron un ultrasonido a las seis semanas, momento en que muchas mujeres aún no saben que están embarazadas, y la pantalla ya mostró un pequeño bebé perfectamente formado. Las pruebas genéticas habrían confirmado que este bebé tenía su propio ADN, independiente del mío, y cualquier biólogo habría confirmado que se trataba de un organismo vivo. Y sólo unas pocas semanas más tarde, alrededor de las 24 semanas, mi bebé pudo haber nacido antes de tiempo y seguramente sobrevivir.
Teniendo en cuenta todo lo que sabemos acerca del ser humano no nacido, me queda claro que la fuerza impulsora del aborto es más voluntariedad actual, que pura ignorancia. Nuestra sociedad quiere que el aborto sea legal con independencia de la realidad. No es que no sepamos la verdad, sino que no queremos que se nos la recuerde. Se trata de una extraña locura: equipos de médicos que luchan por mantener vivos los niños prematuros en unos hospitales, en los que en un piso más arriba los bebés están siendo asesinados y desechados.
El aborto hace que nuestra sociedad deba hacer juegos malabares con su desdoblamiento de personalidad. En Canadá se llora a los 158 miembros de las Fuerzas canadienses que murieron en Afganistán desde 2002. Y sin
embargo, de acuerdo con Statistics Canada, cerca de 100.000 niños mueren por aborto cada año en nuestro país; alrededor de 3 millones desde 1969. En los Estados Unidos han tenido lugar innumerables conmemoraciones para recordar las casi 3000 personas que murieron en los ataques al World Trade Center. Esas muertes llevaron a los Estados Unidos a lanzar una guerra total contra el terrorismo. Y sin embargo, más de un millón de niños pierden la vida cada año por aborto; un total de más de 50 millones de abortos desde el año 1973. ¿El resultado? Las más de las veces las voces, tanto de los comunicadores, como de los responsables de las decisiones, siguen siendo de apoyo al aborto, y no de oposición, al aborto.
En una sociedad donde parece haber cesado la moralidad, es fácil resignarse y mantenerse pasivo frente a una ola que resulta abrumadora. Y sin embargo... En el corto "180" [180movie.com] que se difundió en YouTube recientemente, una mujer discutiendo el Holocausto hace una pregunta hiriente: "¿Dónde estaba el mundo, donde estaban todos?" Parece ahora tan incomprensible que seis millones de judíos fueran asesinados en los campos de concentración, con tan poca oposición por parte de la población alemana. Pero un día, nuestros nietos nos pueden formular una pregunta similar con respecto a los desafíos culturales actuales: ¿dónde estaba todo el mundo?, ¿dónde estábamos nosotros?
Hablar de la verdad puede hacernos aparecer como tontos. Y eso es sólo el comienzo. Hoy en día, es un triste hecho que la oposición al aborto puede costar a una persona su trabajo e incluso su carrera. Usted también podría perder a
sus amigos, su posición en un círculo social, su invitación a conferencias. Puede llegar el día en que su posición sobre el aborto podría incluso costarle su libertad.
Para mí, como antigua refugiada política de la Checoslovaquia comunista, todo esto suena familiarmente intranquilizador. En aquel entonces la mayoría de la gente en nuestro país también se mantenía en silencio, y muchos temían las repercusiones que se derivarían si se oponían abiertamente al régimen. Pero tuvimos unos pocos disidentes, y esto marcó la diferencia. Uno de ellos, Vaclav Havel, se convirtió con el tiempo en el primer presidente de la Checoslovaquia libre.
La verdad es una cosa muy poderosa; a lo largo de la historia, siempre ha ganado las batallas morales, y no tengo ninguna duda de que un día, el aborto será rechazado y se reconocerá como un mal indecible. Hasta que llegue ese día el viaje sigue requiriendo valentía y sacrificio por parte de quienes tienen la responsabilidad que conlleva conocer la verdad. Nos corresponde a nosotros despertar la conciencia de nuestra sociedad, persona a persona.
Lea Singh es licenciada en derecho de Harvard y en la actualidad madre a tiempo completo de una joven familia. Escribe desde Ottawa, Canadá.