Diría que tiene más sentido que nunca. No en vano, curiosamente, en la defensa de esta virtud se han puesto de acuerdo Jesús y todos los santos habidos y por haber.
abortos provocados. Y, a un clima social más opuesto a la castidad, mayor número de abortos provocados. Así pues, existe una clara relación entre muerte y sociedad contraria a la castidad. Todo esto es fácilmente constatable"."No podemos comprender el poder que un alma limpia tiene sobre el buen Dios: ella obtiene de él todo lo que quiere. Un alma pura está junto a Dios como un niño junto a su madre: la acaricia, la abraza, y su madre le devuelve sus caricias y abrazos. Para conservar la pureza se necesitan tres cosas: presencia de Dios, la oración y los sacramentos".
Josefina Vilaseca, Fernando Saperas, Gianna Beretta y todos los santos han defendido la pureza. Algo bueno debe tener esta virtud cuando se han puesto de acuerdo en defenderla san Agustín, san Francisco de Asís, san Ignacio de Loyola, santa Teresita junto con actores como Eduardo Verástegui. Algunos de ellos, después de haber caído en la desgracia de la impureza, conociendo esta triste realidad, se levantaron hacia la castidad y la santa pureza.
Caer en la impureza es fácil en nuestra sociedad, levantarse es querer recuperar la forma digna de vivir el cuerpo humano. Mons. Xavier Novell explica que la impureza lleva a una especie de vacío. Una muestra clara de que el libertinaje no es bueno, es que no contribuye a la felicidad, más bien lo contrario. Es más, las relaciones sexuales desordenadas provocan heridas en el alma. No aportan la unidad de vida que deseamos, sino la tristeza que no queremos. Por ello, en el seno de la Iglesia, el tesoro de la confesión encamina a la persona a volver a empezar, a curar estas heridas.
Dice Benedicto XVI en "Luz del mundo":
"Una y otra, el hombre vuelve a apartarse de su fe, quiere sólo volver a ser él mismo, y se convierte en pagano en el sentido más profundo de la palabra. Pero también una y otra vez, se pone de manifiesto la presencia divina en el hombre. Esto es la lucha que atraviesa la historia entera. Como ya dijo San Agustín: la historia universal es una lucha de dos formas del amor. Del amor a sí mismo hasta la destrucción del mundo, y el amor hacia el otro hasta la renuncia de sí mismo. Esta lucha, que siempre estuvo visible, sigue en curso también en la actualidad".
En definitiva, hoy tiene sentido hablar de castidad y pureza porque la formación en estas virtudes y la lucha por preservarlas son fuente de vida, amor y felicidad.
José Ángel Colomés