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Primera sentencia sobre la eutanasia en España

Por Isabel Viladomiu
Publicado el 20 de noviembre de 2009

Terri Schiavo falleció el 31 de marzo de 2005 por la retirada del soporte vital que la mantenía con vida; no le dieron agua ni alimentación para que muriera. Un juez así lo dispuso y fue la primera sentencia a favor de la eutanasia. Mucho más próxima (4/11/09) es la sentencia al médico Marcos Ariel Hourmann, que ha tenido que responder delante de la justicia por administrar una inyección de cloruro potásico, similar a las empleadas en las ejecuciones judiciales, a una enferma de 82 años en el Hospital Comarcal de Mora d´Ebre. Ambas eutanasias coinciden en la voluntad de provocar la muerte, ambas son homicidios. La familia de la paciente fallecida en Mora d´Ebre exculpa al médico de esta eutanasia explicando que actuó como acordamos y sólo hizo lo que le pedimos, pero el médico fue denunciado por el hospital por su actuación al margen de la ley.

La asociación Derecho a morir dignamente (DMD) promueve la eutanasia y el suicidio médicamente asistido al final de la vida. Su objetivo es que la eutanasia sea una práctica médica habitual. El médico de Mora d´Ebre escribió en la historia clínica que había inyectado cloruro potásico a la paciente para acabar con ella; ¿por qué lo hizo? La muerte de esta paciente hubiera pasado desapercibida de no ser por la anotación voluntaria del médico, pero la DMD anima a los médicos a realizar eutanasias y declararlas para así poder reabrir el debate y cambiar la opinión pública a su favor, asegurándoles su apoyo si hay conflictos. Así debe haber ocurrido en Mora d´Ebre, pues ante la voluntariedad declarada de acabar con la enferma, se acuerda entre fiscal y defensor el homicidio involuntario, cuando de involuntario no tiene nada, y la condena pasa de 10 años a uno, que no cumplirá. El mensaje está ahí, “no hay pena por practicar la eutanasia”, solamente un toquecito de alerta, sin trascendencia alguna. Es el orgullo del trasgresor de la ley que decide sobre la vida de una mujer a petición de la familia provocándole la muerte.

El presidente de la DMD, Fernando Marín, declaró a raíz de la noticia que la práctica de la eutanasia clandestina es habitual en los hospitales. Este es otro mensaje dirigido a cambiar la opinión pública, decir que se practican eutanasias sin control para crear una necesidad de legislar a tal efecto, pues aquello que se hace, dicen, hay que regularlo. Y así el homicidio eutanásico va ganando adeptos por desinformación y tontería de la gente que queda engañada por el mensaje, porque esto de pensar ya no se lleva. Los enfermos no deciden sobre su muerte, ni en Holanda, ni en Bélgica, países donde está despenalizada, deciden sobre las personas los demás, el médico y la familia.

Por otro lado, es curioso observar cómo el lenguaje está cambiando las ideas. La muerte digna eutanásica es homicidio voluntario y el sufrimiento justifica acabar con la vida del enfermo presentado también como un nuevo derecho por compasión. La medicina tiene cada vez más recursos para tratar el dolor, pero se enfrenta a una nueva mentalidad que no sabe ni quiere oír hablar de minusvalías, ni de enfermedades incapacitantes, ni de dependencias. Nuestra cultura, durante estos años, ha permitido y legalizado el abandono de las personas según la propia conveniencia, como el aborto o el divorcio, ¿cómo va ahora a afrontar el sufrimiento y la muerte si todo se ha solucionado eliminando o abandonando a las personas? La eutanasia es un paso más en el dominio de esta mentalidad de usar, abandonar o eliminar a aquellos que entorpecen los propios egoísmos.

La historia de la humanidad es una historia hacía delante, es la historia de la conquista por la dignidad de cada ser humano desde que es concebido hasta su muerte natural, sin inyecciones letales. Es la historia del reconocimiento de los derechos humanos fundamentales, sin mentiras, ni falsos derechos. La verdad sobre la persona humana avanza y con más fuerza que nunca, ella se abre camino entre las falsedades y las mentiras que nos envuelven. Nuestra condición humana hace que para avanzar en el reconocimiento de la dignidad y de los derechos humanos retrocedamos hasta casi el abismo. He aquí el homicidio legal, la eutanasia.

Isabel Viladomiu

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