Català Castellano

¿No me arrepiento de nada?

Por Michael Cook
Publicado el 16 de diciembre de 2011
MercatorNet
|24 de noviembre 2011
 

¿Recuerdan el lema "la ética debe ir al paso que marca la ciencia"? Fue uno de los clichés de los periodistas científicos en los acalorados debates de hace cinco o seis años, sobre la investigación con embriones, la "clonación terapéutica" y las células madre embrionarias.

Desde el punto de vista de una persona lega en la materia, el quid de la cuestión era el siguiente: las células madre adultas son multipotentes y éticamente aceptables, las células madre embrionarias son pluripotentes, pero éticamente discutibles. Es evidente que hay una necesidad desesperada de cura de enfermedades terribles, ¿por qué operar con un cortaplumas cuando se tiene una navaja suiza?

Es el lenguaje de hiperventilación de un artículo de 2003 en el New England Journal of Medicine, "Tenemos por delante una perspectiva prometeica de regeneración eterna". Uno de los primeros actos oficiales del Presidente Obama fue flexibilizar las restricciones sobre el uso de células madre embrionarias. Como reflejo de la opinión casi unánime de sus consejeros científicos, manifestó: "estas pequeñas células pueden tener el potencial para ayudarnos a entender y posiblemente curar, algunas de las enfermedades y situaciones más dramáticas".

En el año 2004 los votantes aprobaron en California una enmienda a la constitución del estado para financiar la investigación con células madre embrionarias humanas y la creación del Instituto de Medicina Regenerativa de California (CIRM). Sabían que esto iba a costar por lo menos 3 mil millones de dólares, pero era una buena inversión. Estas células debían conducir a tratamientos para enfermedades incurables y terribles como el cáncer, diabetes, enfermedades del corazón, Alzheimer, Parkinson, lesiones de la médula espinal, ceguera, esclerosis lateral amiotrófica, el VIH / SIDA, trastornos de salud mental, esclerosis múltiple y enfermedad de Huntington.

A la hora de decidir, el resultado fue que la ética tenía que quedar situada por detrás de la ciencia. En aquel momento los argumentos científicos a favor de permitir la "clonación terapéutica" y la investigación con embriones humanos fueron abrumadores. Hubo políticos y votantes que presentaron reparos a una mercantilización de la vida humana que suponía la muerte de embriones, pero los expertos aseguraron que la potencialidad que se le ofrecía a la medicina era deslumbrante. La pérdida de unos pocos embriones humanos era tan sólo un pequeño precio a pagar.

En efecto, había un pacto implícito entre el público y los científicos de las células madre: nosotros vamos a tragarnos nuestras dudas y proporcionaros la financiación; vosotros nos proporcionáis las curaciones.

¿Pero qué sucede cuando el pacto se cae a pedazos? Porque esto es lo que parece que está sucediendo. La investigación con células madre embrionarias tiene cada vez más la pinta de un callejón sin salida. La semana pasada, después de muchos intentos fallidos y un año después del lanzamiento de ensayos de aplicación en humanos de curación de lesiones de la médula espinal, la firma biotecnológica Geron, con sede en California, suspendió todas sus investigaciones con células madre embrionarias, para centrarse en fármacos contra el cáncer. No podía ser de otra manera: iba a la quiebra.

Este es un momento histórico en el debate sobre células madre. Geron es la empresa líder en la investigación con células madre embrionarias. Había sido el foco de atención de los medios de comunicación durante muchos años. Los National Institutes of Health dirigían a los lectores a su página web. Una simple cura de una lesión de médula espinal habría sido la reivindicación final de la investigación con células madre embrionarias.

Pero estas esperanzas se han derrumbado y han quedado hechas cenizas. No ha habido curas. La principal novedad de la clonación terapéutica en la década pasada fue un fraude gigantesco a cargo de un científico coreano Hwang Woo-suk, que dejó consternados a los líderes mundiales de las publicaciones científicas. Hoy en día tan sólo queda otra empresa que realice ensayos clínicos con células madre embrionarias.

La historia parece haber pasado por encima de esta técnica. En 2007 un científico japonés, Shinya Yamanaka, publicó una técnica para la transformación de células comunes de la piel en células pluripotentes. La mayoría de los líderes en la investigación con células madre embrionarias cambió de embarcación debido a que las nuevas células eran pluripotentes y éticas. Fue como pasar de los tubos de vacío a los semiconductores. El CIRM es visto ahora como un elefante blanco que los californianos, con problemas de liquidez, apenas pueden sostener.

La mayoría de los científicos con células madre argumentan todavía que la investigación con embriones humanos es necesaria para entender cómo se desarrollan los organismos. Pero ellos no vendieron sus investigaciones al público como una ciencia para estudiar los cielos. Las vendieron como remedio para las enfermedades más dramáticas.

 

¿Hay alguna esperanza después de tanta publicidad?

Sí, dijo New Scientist, en su respuesta a la defección de Geron. Sin una pizca de remordimiento ni de ironía, dijo: "Los tratamientos basados en células madre adultas están sin duda a la cabeza, con algunos resultados muy alentadores obtenidos este año... Así que por el momento, las células adultas ¿están liderando el camino clínicamente? Absolutamente... En términos de números absolutos y de potencial comercial, van por delante".

Hace cinco años, algunos científicos fueron ridiculizados por decir exactamente lo mismo. Escribiendo en la prestigiosa revista Science en 2006, William Neaves, un importante científico de células madre, se burlaba: "Es una mala ciencia y una mala ética engañar con tratamientos con células madre adultas en un esfuerzo por desorientar al público sobre los beneficios potenciales de la investigación con células madre embrionarias". El objeto de su desprecio, David Prentice, ha sido reivindicado.

¿Qué pasa con el pacto implícito? ¿Entonarán Nature, Science o el New England Journal of Medicine un mea culpa por haber exigido nuevas normas éticas para hacer frente a los embriones humanos? Tal vez están esperando que nadie se dé cuenta de lo mal dirigidas que estaban sus esperanzas. Pero, ¿es esta la manera de mantener la fe del público? La Administración de Bush perdió su credibilidad con las armas de destrucción masiva inexistentes. Los científicos corren un riesgo algo similar con los medicamentos de terapéutica de masas.

 

 

 

 

 Michael Cook es editor de MercatorNet.

Comparte