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La familia, santuario de la vida

Por Romà Casanova, bisbe de Vic
Publicado el 25 de enero de 2011

Romà Casanova, obispo de Vic
Hoja dominical, Enero 2011
La familia es en la concepción cristiana -y, por tanto, profundamente humana- el santuario de la vida y del amor. El misterio del Hijo de Dios en el seno de una familia humana nos habla de la grandeza de la familia en el designio de Dios. Dios en su creación amorosa de la humanidad ha querido que sea en el seno del amor de los padres, en el seno del amor de la familia, que una persona nazca, crezca, se eduque y aprenda las virtudes fundamentales para toda su vida. La sabiduría del Dios que es amor ha querido que sea el amor de los padres y de la familia el que acompañe a la persona en los momentos fundamentales de su formación y durante toda su vida. La familia es el lugar fundamental de la educación. Por eso mismo entendemos la gran importancia que la familia tiene para el futuro de un pueblo. La Iglesia es muy consciente de esta verdad. Y no puede hacer nada más que, escuchando la voz del Creador, defender la familia y recordar los principios fundamentales que la rigen para el bien de la familia misma y de toda la sociedad: la familia se constituye desde la base del amor y de la donación mutua de los esposos, el hombre y la mujer; la unión de los esposos es indisoluble, la vida humana, los hijos, deben ser acogidos en el seno del amor de los esposos en la «paternidad responsable».
Mirando nuestra realidad nos damos cuenta de que la población va envejeciendo. Hay que valorar positivamente y agradecer el hecho de que la esperanza de vida, con la ayuda de la medicina y la atención, sea más alta. Asimismo hay que decir que, en nuestra sociedad y desde hace mucho tiempo, hay una falta de nacimientos. La tasa de natalidad es muy baja. Sin pretender acusar a nadie en concreto, hay que constatar una gran falta de fecundidad generosa entre los matrimonios cristianos. Y un pueblo sin hijos es un pueblo sin futuro. Ciertamente que la «paternidad responsable» pide realismo, pide generosidad, pide dedicación, pide olvidarse de uno mismo. Se podría pensar que complica la vida. Pero la alegría de la vida, del hijo que crece, ofrece tanto que, en el amor y desde el amor, toda carga se vuelve dulce.
Una causa del fenómeno de la baja natalidad es la «mentalidad anticonceptiva». Esta mentalidad crece como consecuencia del hedonismo y la irresponsabilidad respecto a la sexualidad humana. El acto sexual como expresión del amor conyugal de los esposos tiene por su naturaleza un significado de apertura a la vida. La mentalidad anticonceptiva excluye por principio este significado y lo desliga de la sexualidad. Esta visión de la sexualidad no sólo lleva al descenso de la natalidad, sino que lleva también, muchas veces, a justificar el mismo aborto asesino. Urge entre nosotros un redescubrimiento de la «paternidad responsable» generosa, desde el convencimiento de que -como decía Juan Pablo II- «sólo el amor puede proteger la vida» (Evangelium Vitae, 97), y al mismo tiempo ofrecer a adolescentes y jóvenes, desde todos los ámbitos educativos de la Iglesia, una auténtica educación de la sexualidad y del amor
 
 
 
 
 

 

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