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Educar con libertad, educar con Cristo

Por Josepmaría Pastor
Publicado el 18 de julio de 2011

La educación cristiana consta de un aspecto objetivo: los conocimientos, la cultura, también la cultura religiosa; y de otro subjetivo, la vida cristiana, el don de la gracia y la respuesta libre del hombre. Mientras que el primero, incluida la asignatura de religión, se regula académicamente mediante programas y exámenes, el segundo aspecto sólo puede ser real si se procura un clima de verdadera libertad en la participación de los medios para cultivar la vida espiritua 

Una escuela cristiana que enseñe valores pero no anuncie a Jesucristo es una contradicción. Con el tiempo, esas instituciones acaban languideciendo hasta perder su ideario original. Otra cosa distinta –y frecuente– es que muchos padres lleven a sus hijos a escuelas cristianas para educarles en una serie de valores humanos, considerando la fe, simplemente, como una costumbre o tradición del colegio. Estos padres provienen de distintos ámbitos: padres agradecidos por la formación que ellos mismos recibieron en una escuela cristiana, pero que han perdido la fe; padres que buscan una formación técnica y humana de cualidad que encuentran en un colegio cristiano; padres que buscan para sus hijos problemáticos una formación más personalizada; o incluso, padres que, por comodidad –quizás la simple proximidad– llevan a sus hijos a una escuela cristiana.
 
Hace falta una gran coherencia en el sistema educativo si quiere ser eficaz, no sólo humanamente, sin espiritualmente. Entonces, será más fácil la coherencia de todas las personas que intervienen en la educación: porque sólo los que actúan en verdad –según lo que son y lo que creen– deben dedicarse a la formación de los demás. Y en lugar de ocultar a Cristo a los ojos de los no católicos –y, con frecuencia, de los católicos también– hay que mostrar a todos el verdadero rostro de Cristo, para que libremente se acerque a Él y puedan participara de su amor.
 
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