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Benedicto XVI en el Parlamento Federal alemán

Por Francisco Peñarroya
Publicado el 28 de septiembre de 2011

Benedicto XVI pronunció el 22 de septiembre de 2011 un importante discurso en el Aula del Parlamento Federal alemán.

Cabe destacar que este encuentro de Berlín es una etapa de la visita oficial del Papa como Sucesor de Pedro, y también como Cabeza del Estado de la Ciudad del Vaticano. De hecho, mediante el estado jurídico del Estado de la Ciudad del Vaticano, la Iglesia tiene la posibilidad de mantener contactos oficiales con las estructuras políticas, sociales, culturales internaciones y con las organizaciones y otros organismos a fin de poder presentar la enseñanza social fundada en el Evangelio y en la visión cristiana del hombre, como ser creado por Dios a su imagen y semejanza. Benedicto XVI, de hecho, ha sido invitado a pronunciar su discurso al Reichstag, es decir al Parlamento alemán.

En su alocución ante el Bundestag, el Papa ofreció algunas reflexiones sobre los fundamentos del derecho. Queremos aportar unas pinceladas de su intervención.

A comenzar el Papa subrayó que “la política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz".

Tras afirmar que “servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político”, el Papa se preguntó: "¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente?” Para pasar a afirmar que "es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación”.

Al tratar ya de cómo se reconoce lo que es justo, su Santidad ha aludido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho y se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios.

El problema estriba en que “en el último medio siglo se dio un cambio dramático de la situación. La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término”.

Pero el Papa reafirmó a continuación que una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza en modo puramente funcional, como las ciencias naturales la explican, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el Derecho, sino suscitar nuevamente sólo respuestas funcionales: "las fuentes clásicas de conocimiento del ethos y del Derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que interesa a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella”.

Sin perder de vista que “el concepto positivista de naturaleza y razón, la visión positivista del mundo es en su conjunto una parte grandiosa del conocimiento humano y de la capacidad humana, a la cual de modo alguno debemos renunciar en ningún caso".

El Santo Padre se preguntó "¿cómo puede la naturaleza aparecer nuevamente en su profundidad, con sus exigencias y con sus indicaciones?". Pasó a citar un caso concreto que nos aporta una luz en la solución del problema:

“Recuerdo un fenómeno de la historia política reciente, esperando no ser demasiado malentendido ni suscitar excesivas polémicas unilaterales. Diría que la aparición del movimiento ecologista en la política alemana a partir de los años setenta, aunque quizás no haya abierto las ventanas, ha sido y es sin embargo un grito que anhela aire fresco, un grito que no se puede ignorar ni relegar, porque se percibe en él demasiada irracionalidad. Gente joven se dio cuenta que en nuestras relaciones con la naturaleza existía algo que no funcionaba; que la materia no es solamente un material para nuestro uso, sino que la tierra tiene en sí misma su dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. Es evidente que no hago propaganda por un determinado partido político, nada me es más lejano que eso. Cuando en nuestra relación con la realidad hay algo que no funciona, entonces debemos reflexionar todos seriamente sobre el conjunto, y todos estamos invitados a volver sobre la cuestión sobre los fundamentos de nuestra propia cultura”.

Y partiendo de este planteamiento pasó a afirmar que "también el hombre posee una naturaleza que debe respetar y que no puede manipular a su antojo arbitrariamente. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando escucha la naturaleza, la respeta, y cuando se acepta como lo que es, y que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana”.

En consecuencia, la naturaleza podría contener en sí normas sólo si una voluntad hubiese puesto estas normas en ella. Esto, por otra parte, supondría un Dios creador, cuya voluntad ha entrado en la naturaleza. Y se preguntó si ¿carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presuponga una razón creativa, un Espíritu Creador?

Benedicto XVI concluyó que “la cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma, del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico”. 

Francisco Peñarroya

Linck del Discurso completo de Benedicto XVI en Berlín:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin_sp.html

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