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Benedicto XVI con los más débiles e indefensos

Por Josep Vall i Mundó
Publicado el 16 de noviembre de 2010

Todos los medios de comunicación se han hecho eco de la estancia del Santo Padre Benedicto XVI en Barcelona, a la hora de Dedicar solemnemente el Templo –Basílica menor de ahora en adelante– de la Sagrada Familia, para celebrar el culto divino. Ha sido un acontecimiento único e irrepetible. Todas las televisiones, periódicos y revistas han hablado, en general, con entusiasmo. El portavoz de la Santa Sede ha declarado que nunca había visto un acto tan solemne, tan bien vivido desde todos los puntos de vista y tan cálido. Yo no insistiré en este hecho. Algunos –bastante torpemente, por cierto, y bajo el lema "nosotros no te esperamos"– han mostrado su rechazo. Allá cada uno con su libertad.

En cambio, sí que le esperaban los enfermos de la Obra "El Niño Dios". Quiero romper una lanza por este segundo evento, tal vez menos conocido o comentado. Benedicto XVI visitó, expresamente con todo el calor y cariño posible, esta gran familia social y caritativa del Niño Dios: un hogar, una obra socio-benéfica para niños y adultos discapacitados. El Papa ha estado con los más débiles y necesitados, con aquellos que sufren graves carencias físicas, psíquicas, con ancianos solos y abandonados por este motivo. Les ha acompañado y ha compartido con ellos, niños y adultos enfermos, un largo rato. Este hecho no debe pasar desapercibido. Creo que ha sido un gran gesto de la profunda humanidad y caridad del actual Sumo Pontífice. Una madre de uno de los niños allí acogidos escribía: "Como madre de un niño con una grave discapacidad, estoy inmensamente agradecida por la gran suerte que he tenido de que el Papa haya elegido, como única visita de la tarde, el centro de educación especial "El Niño Dios" en el barrio de Guinardó, donde educan a mi hijo perfectamente desde hace veinte años. Entiendo que con esta visita, el Santo Padre ha querido mostrar su gratitud a todos los demás centros que trabajan en este ámbito y que, de una manera callada, realizan una labor tan importante".

Efectivamente es así. De esta manera trabaja la Iglesia en todo el mundo. En este caso, unas mujeres entregadas, sencillas, discretas, llenas de amor de Dios y de cariño, consagradas a los más débiles, acompañándolos noche y día, contando también con la ayuda y colaboración de un competente y entregado personal médico –médicos, enfermeras, educadores, etc.–. Benedicto XVI ha querido estar junto a ellos apoyándolos, cuando muchos ciudadanos no se lo esperaban, porque desconocían dicha labor.

Gracias a Dios, aquí en Barcelona no ha tenido que encontrarse con familias dolidas a causa de los pecados y delitos cometidos por sacerdotes en contra de niños o niñas indefensos... Aquí ha hablado con padres y madres agradecidos, con religiosas, profesionales de la medicina, sacerdotes, educadores especializados: todos los que se ocupan de ellos generosamente. Quizás, hasta ahora, trabajaron en el mayor anonimato, pero los frutos han sido abundantes a lo largo de los años. Todos ellos han recibido al Papa con cantos y palabras de alegría; le han mostrado juegos, han rezado juntos, con toda sencillez y fervor. Ha sido una media tarde inolvidable.

Quizás el acto de la Sagrada Familia ha tenido un eco más mediático, pero Dios "ha sonreído", en Barcelona, en la mirada de todos aquellos niños, ancianos, religiosas, padres, colaboradores... que bien se merecían tal reconocimiento de parte de la Jerarquía, en su más alto nivel. El Papa les dirigió unas bellas palabras, que por fuerza recorto: "No se ha de ahorrar ningún recurso en favor de los niños...; os doy las gracias por vuestra cordial acogida,...; con cariño me dirijo a todos vosotros, queridos niños, y a vuestras familias que os sostienen con tanta dedicación... He pensado en Jesús que amaba a los niños con ternura... También la Iglesia manifiesta una especial predilección... cuando se trata de niños que sufren. Todo ello exige una gran disponibilidad, espíritu de sacrificio, paciencia y amor desinteresado... Rezo por todos vosotros... sabiendo que vuestra misión no es fácil...". Benedicto XVI, al terminar, ha bendecido la primera piedra de un nuevo edificio-residencia que se construirá en Tiana.

Todos hemos de agradecer a las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones, y a sus más estrechos colaboradores, esta constante y heroica entrega desde hace más de ciento veinte años. En Barcelona el Papa Benedicto XVI se ha encontrado con quienes más le necesitaban y no con aquellos que le desprecian.

Josep Vall i Mundó

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