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Testimonio de un joven manifestante por la vida

Por David Guerrero
Publicado el 28 de octubre de 2009

“Cada vida importa”. Con este lema, miles y miles de personas nos manifestamos el pasado sábado en Madrid para pedir al Gobierno que no ofrezca la fórmula fácil pero a la larga más dura a aquellas mujeres que tienen dificultades para sacar adelante un embarazo.

Si gobernar es saber escuchar a los ciudadanos, el pueblo ha hablado claro: existen alternativas al aborto, la maternidad debe ser respetada y defendida hasta el final, los niños tienen derecho a nacer. Mensajes claros, contundentes y rotundos que han de sonar sobre la conciencia de nuestros políticos.
Se ha de escuchar a aquella mujer que sufrió un aborto provocado y que ahora sólo piensa en irse con su hijo. Se ha de escuchar a quien no puede recordar la escena de haber visto a su hijo muerto tras una intervención en una clínica abortista. Se ha de escuchar a aquella madre que escuchando al “buen Dios”, decidió tener a quien ahora es la mayor alegría de su vida.
La manifestación, así, se convirtió en un día de alegría, de fiesta casi. Esa alegría de cada uno por haber nacido y por haber tenido una madre que, sin pensar en sí misma, un día miró hacia delante y dijo: “sí”.
Hay que decir que entre los asistentes, muchos no saldrán nunca en los periódicos. La opinión pública no les reconocerá. No recibirán ningún Premio Nobel. Pero, a buen seguro, se merecen todas y cada una de estas distinciones.
No se me olvida la imagen de una madre, joven (gracias por ser como eres y por tu generosidad) con sus 4 ó 5 hijos (no alcancé a verlos todos), sentada en una escalera, guapa, hermosa, cantando ese cántico por la vida que alzamos el sábado. Trabajadora. Ya lo creo. Nunca saldrá en un periódico, pero la trayectoria de su vida sería para rellenar diarios y diarios.
Tampoco aquel señor mayor, sentado en primera fila en su silla de ruedas, con sus dos banderas: la de su país y la de "Derecho a Vivir". Y como, pausadamente, de forma pacífica, al acabar la  manifestación, se marcha orgulloso de haber defendido la vida, esa vida que algunos nos quieren arrebatar pese a que no les pertenece. A ese “héroe”, le digo: “gracias por existir”.
Serían cientos las personas de las que podría hablar. Todas ellas llevaban un mensaje en su corazón: la vida es demasiado preciosa para que alguien pueda jugar con ella, para que alguien nos venda como “derecho” algo que no es más que un “asesinato”. Aborto es matar a un niño, es eliminarle lo que le pertenece, es silenciar a quien no puede hablar.
Ojalá la voz de esos niños, de esos “ángeles”, retumbe sobre la conciencia de quienes nos gobiernan. Están a tiempo. Su vida aún no se acabó. Ojalá despierten y vean que no hay nada peor que matar a quien no se puede defender.
Viene al caso recordar unas palabras de la Madre Teresa de Calcuta que decían tal que así: “Para mí, las naciones que han legalizado el aborto son las más pobres”. Si en vez de alabar tanto a personas como ella (recibió el Premio Nobel de la Paz en 1979) nos dedicásemos a aprender de sus enseñanzas y a ponerlas por obra, la sociedad sería mucho más avanzada.
Por último, decir que las palabras de Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, no pueden caer en saco roto. Nuestro compromiso con nuestra sociedad y con todas las mujeres que tienen dificultades es ayudar, ayudar y ayudar. Esto sí que es el auténtico Progreso. Por supuesto.

David Guerrero, periodista

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