Tal como estaba previsto el sábado 23 de enero de 2010 tuvo lugar en la Basílica de Santa María de Mataró el acto solemne en que se promulgó la beatificación del sacerdote Josep Samsó, que había sido rector de esta parroquia durante 17 años, hasta que fue fusilado en 1936, inmolado por la fe. Vino para esta declaración del Dr. Sansó como
Beato, el arzobispo Angelo Amato, que está al frente de la Congregación para las Causas de los Santos, que leyó en latín la carta apostólica en la que se daba fe que Josep Samsó había sido declarado Beato, y acto seguido se hizo la lectura en versión catalana. Es sabido que por deseo del Papa Benedicto XVI, las beatificaciones se celebrarán normalmente en los países donde vivieron los beatos y las canonizaciones en Roma. Se recupera así una práctica que aquí no se daba desde la Edad Media. Mons. Amato, dirigiéndose a los presentes –tanto en catalán como en castellano, con una excelente dicción– puso de relieve la estima del Papa "a esta patria, tierra de santos y santas" con la beatificación de este sacerdote al que califica como "una gloria de la Iglesia, un modelo de sacerdote católico y un orgullo de esta noble tierra catalana". Volvió a recalcar la actitud reconciliadora de este sacerdote que, como todos los mártires cristianos "amó, no odió, y perdonó a los que iban a matarlo". Se ha recordado con este motivo que en un primer ataque a esta iglesia –dos años antes, en octubre de 1934, y que no logró totalmente sus objetivos, Mn. Samsó se negó a denunciar los nombres de los autores de la agresión para que no hubiera represión contra ellos por parte del gobierno de aquellos momentos. El arzobispo, el cardenal Lluís Martínez Sistach, subrayó otra vez esta idea del perdón.
En la concelebración, a uno y otro lado del cardenal, se encontraban el arzobispo emérito de Barcelona, cardenal Ricard M. Carles –en tiempos de su mandato en la archidiócesis el proceso dio un gran paso adelante– y el Nuncio de SS en España y Andorra, Mons. Renzo Fratini. Les acompañaron todos los obispos de las provincias metropolitanas de Barcelona y Tarragona, que constituyen la Conferencia Episcopal Tarraconense, con los dos arzobispos –el ya mencionado Cardenal Martínez Sistach, de Barcelona–, y el arzobispo primado de Tarragona, Dr. Jaume Pujol, y algunos de diócesis cercanas: el arzobispo de Valencia, Carlos Osoro y el obispo de Menorca, Salvador Giménez Valls. Del resto de los que están integrados en la Conferencia Episcopal Española, uno, Juan
Antonio Martínez Camino, auxiliar de Madrid y Secretario de la Conferencia. Participaron el abad de Montserrat y algunos superiores religiosos, y centenares de sacerdotes venidos de todas las diócesis catalanas. Entre ellos, Vicarios Generales y Episcopales. También estaba el Vicario de la Prelatura del Opus Dei en Cataluña, el Dr. Antoni Pujals.
Entre las diversas personalidades políticas se encontraba el Presidente de la Generalidad de Cataluña, José Montilla y la mujer.
La jornada tuvo el carácter de convivencia de todos los sacerdotes de Cataluña, los cuales fueron invitados a comer en un amplio local del Colegio Valldemia, de los Hermanos Maristas, donde el Cardenal Martínez Sistach, Mons. Jaume Pujol, Mons. Amato y el Nuncio Fratini se expresaron en un tono cordial y festivo.
La ciudad de Mataró ha estado a la altura de las circunstancias en la organización del acto. Y muchos de los asistentes se atrevían a pronosticar que un acto similar al de hoy –la beatificación de otro mártir, el Dr. Guardiet– debería tener lugar pronto en Rubí, donde fue párroco, muerto en aquellos días de 1936, con el mismo prestigio como sacerdote, y con la misma actitud espiritual.
El día siguiente, domingo, el Papa Benedicto XVI, saludando a los fieles en la Plaza de San Pedro, a la hora del Ángelus, en las palabras con las que comenzaba su alocución en italiano hizo referencia a la beatificación de Josep Samsó en Mataró y lo presentó como "sacerdote y mártir catalán", del que dijo que fue un verdadero testigo de Cristo "que murió perdonando a sus perseguidores", y añadió también que "para los sacerdotes, especialmente para los párrocos, él constituye un modelo de dedicación a la catequesis y la caridad hacia los pobres". Estas son algunas de
sus palabras: "Deseo recordar que se celebró ayer en Mataró la beatificación del Siervo de Dios Josep Samsó i Elias, sacerdote que destacó por su caridad y su celo apostólico. En su martirio, entregó generosamente su vida al Señor entre palabras y gestos de perdón y misericordia". Y relacionó el tema con una circunstancia de actualidad: "Que en este año sacerdotal, su ejemplo sirva de estímulo a los presbíteros en el solícito ejercicio de su ministerio pastoral y anime a los fieles a dar en todo momento un testimonio valiente y convencido de su fe". Hacia el final de su alocución dirigió un saludo en catalán: "Que el nuevo Beato Josep Samsó i Elias os bendiga y os proteja", y agregó en español: "Muchas gracias y feliz domingo".
El anuncio de la beatificación del Dr. Josep Samsó Elias había sido acogido con afectuoso reconocimiento a la diócesis de Barcelona, en la que estuvo incardinado, y en toda Cataluña. Se trataba de un sacerdote muy representativo del clero de su diócesis. Se eligió como lugar para la ceremonia la Basílica de Santa María de Mataró de la cual Mn. Sansón fue párroco, y desde la que fue llevado a la cárcel y al lugar del martirio. Se sabía que participarían el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, y Mons. Amato, quien en nombre del Papa Benedicto XVI pronunciaría las palabras de beatificación. Todo el mundo sabía que el Dr. Sansón tenía ya en vida fama de párroco celoso y era conocida su cultura en las materias eclesiásticas. El título de doctor que pudo obtener en lo que en aquella época era Universidad pontificia de Tarragona le facilitó, sin duda, su prestigio como catequista, materia sobre la que publicó varios valiosos libros. Siempre había tenido el aprecio de sus compañeros y de los feligreses.
Agrada ver en él el paradigma del verdadero mártir, que dio el testimonio de su fe y de su caridad ante los autores materiales del asesinato, perdonándolos –y así lo recalcó en sus últimas palabras– como Jesucristo había perdonado
desde la cruz a los que lo mataron. Lo mismo sucedió con los obispos y los miles de sacerdotes y religiosos y religiosas, y también con tantos seglares, en la muerte de los cuales no entraron motivaciones políticas. Esta conciencia de ser instrumento de reconciliación ha tenido su continuación en el ministerio de los sacerdotes a lo largo de aquellos años, en todos los lugares de España. Esto ha llevado a la demostración práctica de que la Iglesia como tal no está ligada a ninguna corriente política ni a ningún partido y se puede conocer su afán por defender la libertad de todos, y en concreto en todo lo que toca a la religión y la política. Siempre ha sido así, pero además ahora se ve sensible y experimentalmente, que la Iglesia es de todos.
Josep Samsó Elias nació en 1887 en Castellbisbal, población situada junto al Llobregat, en aquel entonces de la diócesis de Barcelona y ahora de la de Sant Feliu de Llobregat, integrada en la región metropolitana de Barcelona. Murió fusilado, inmolado por la fe en 1936 en Mataró, que era entonces y también ahora, de la diócesis de Barcelona.