Hace unos años el panorama periodístico ruso estaba dominado por dos cabeceras: “Pravda” (Verdad) e “Izvestia” (Noticias). La gente con aire crítico decía: “No hay noticias en la Verdad, ni verdad en las Noticias”.
Considerando el panorama español del momento podríamos decir que no hay gobierno de la Justicia ni justicia en el Gobierno.
Es fácil explicarlo. Por falta de consenso, no hay renovación de los más altos cargos judiciales, lo que se traduce en parálisis judicial. Pero, para desgracia nuestra, hay un ministro de Justicia que anuncia leyes amenazadoras. Este verano ha anunciado que los médicos pueden despedirse de la objeción de conciencia cuando sean requeridos para practicar abortos. Esto es muy grave: tratar de obligar a alguien a practicar lo que cree es un asesinato, no es una cosa sin importancia.
El segundo anuncio del ministro Caamaño ha sido una Ley de Libertad Religiosa que paradójicamente impondrá limitaciones a la libertad religiosa prohibiendo la presencia de crucifijos, belenes y otros símbolos religiosos en los colegios públicos.
Prohibir estos símbolos es al menos una medida tan invasiva de la libertad como imponerlos. Prohibir cruces o capillitas en los caminos o en las esquinas de las casas de los pueblos es tan dictatorial como imponer su presencia.
Recuerdo haber visto en una calle de Praga un muy visible monumento a la Santísima Trinidad que sobrevivió a la era comunista. Los comunistas no lo pusieron, pero tampoco lo quitaron. No quiera el ministro ser más que ellos.