Se producen hechos muy importantes que no tienen un correlato proporcionado en los medios de comunicación. Un caso reciente lo encontramos en la resolución de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, de 25 de enero, estableciendo que “la eutanasia, en el sentido de muerte intencional por acción o por omisión de un ser humano dependiente para su supuesto beneficio, debe ser siempre prohibida”. Este acuerdo se produce un año después de que el Tribunal Europeo de Justicia estableciera que no existe el derecho a la eutanasia o al suicidio asistido en la Convención Europea.
La resolución 1859/2012, “Protecting human rights and dignity by taking into account previously expressed wishes of patients”, surgió de la necesidad de definir los principios que deberían regir los testamentos vitales, las últimas voluntades anticipadas. Este tipo de documento legal tiene como fin dejar establecido de antemano por parte de las personas que así lo desean cuál es su voluntad en todo lo que se refiere a tratamientos médicos en el caso de que no se encuentre en condiciones de manifestarlo. Para evitar que este instrumento jurídico pueda ser una puerta trasera para la introducción de la eutanasia o el suicidio asistido, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha regulado una serie de principios que deben regir esta práctica en los 47 estados que forman el Consejo. Asimismo, y por la creciente preocupación por propagación de criterios eutanásicos encubiertos, la Asamblea estimó que era necesario recordar explícitamente el principio básico de que la muerte intencional debe ser siempre prohibida. Algo, por otra parte, consustancial al juramento hipocrático y a la medicina. Además, la resolución precisa que “en caso de duda, la decisión debe ser siempre en favor de la vida y en favor de la prolongación de la vida”. Detrás de este rotundo rechazo europeo se encuentran tanto principios éticos como la constatación de los numerosos abusos, verdaderas violaciones de los derechos humanos, que se han producido en países que han legalizado la eutanasia y el suicidio asistido. Ahora los pocos estados europeos que la permiten deberán revisar su legislación según los nuevos principios, cuya influencia será decisiva en la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Así, se pone fin a la práctica de una idea tan peligrosa como la de que la muerte resuelve problemas.