
A. Coll Gilabert
A pesar de la progresiva descristianización de la sociedad, ni siquiera ahora podría decirse aquello que, con menor motivo, afirmó Azaña en las Cortes hace ochenta años: “España ha dejado de ser católica”.
Con ocasión de la venida de Benedicto XVI a Santiago y Barcelona, el Vaticano ha hecho pública, como de costumbre, una estadística sobre la presencia de la Iglesia en España. Según los números, actualizados a 2009, el país tiene 45,9 millones de habitantes de los que 42,4 millones son católicos, es decir el 92%. iClaro que no es la misma la cifra de practicantes!, pero si son bautizados por algo será ya que, como todo el mundo sabe, no es algo obligatorio.
Hay en el país 124 obispos; 22.674 parroquias, servidas por 24.849 sacerdotes; 54.599 religiosos y 1963 seminaristas mayores. Estas cifras serían incompletas si miramos a la Iglesia en su conjunto y su extraordinaria labor pastoral y social. Ahí están también sus 5.585 centros educativos por los que pasan 1.596.429 alumnos; sus 93 hospitales y 72 ambulatorios; sus 788 hogares para ancianos y discapacitados y sus 435 orfanatos y guarderías. Más aún: sus 3.036 centros especiales de educación o reeducación.
No desearía aburrir al lector más de lo necesario, pero a veces es importante no dejarse vencer por un pesimismo exagerado. Benedicto XVI, tomando la lección de las parábolas de la levadura y la masa, y de la simiente que es muy pequeña y acaba convertida en árbol frondoso, dice que Cristo pareció admitir que sus seguidores serían siempre minoría, pero no para recluirse en casa, sino para evangelizar el mundo y llevarle la fe y la esperanza tan necesarias.
Sí, es verdad, España sigue siendo católica. Utilizando una distinción que se debe a Fulton Scheen, podría decirse que tenemos menos cristiandad, pero no menos cristianismo, porque Cristo no baja los brazos en esta batalla de paz.