
que se ha de leer en clave poética y, por tanto interpretable, como lo son también los relatos míticos. En la novela Caín, Saramago decide ajustar cuentas con Dios, un Dios particular creado, según el autor portugués, por el mismo hombre, algo del todo plausible y, a priori, muy interesante. [...]
Saramago, Dios es desconfiado, rencoroso, cruel, envidioso, malvado, maligno, loco y sordo. Esta es la moral que Saramago saca de los relatos bíblicos. Visto así, no me extraña que Caín quisiera matar a Dios. Sin embargo, no se puede matar una idea. Una idea se puede combatir de muchas formas. Saramago opta por la más simple, la
descalificación, que equivale a la interpretación literal, sesgada, absurda y políticamente correcta. Aunque lo quiera eludir, Saramago sabe que los mitos necesitan interpretación. Si no, no habría escrito "La caverna". Quiero decir que la Biblia, al margen de creencias religiosas particulares, tiene un peso importantísimo en la cultura occidental que no puede ser despreciado con un relato que nace de la aversión hacia el hecho religioso. Saramago, en el mejor de los casos, confunde cultura y religión.