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El aborto es el problema, pero la ley tiene su papel

Por M. Masats Roca
Publicado el 30 de noviembre de 2009

Bajo el título “El problema es el aborto, no la ley”, el diario LA VANGUARDIA (21-11-2009) publica una entrevista al teólogo Gaspar Mora, Vicedecano de la Facultad de Teología de Cataluña.

No cabe duda que, efectivamente, el verdadero problema es siempre el aborto, es decir, detrás de cada aborto hay un drama humano que a veces es posible atender, y otras, aún con las mejores intenciones, no. Sin embargo, parece arriesgado afirmar que la ley no tiene ninguna función en este asunto, cuando desde la cultura griega el respeto de las leyes se ha considerado como la forma de proteger aquellos bienes o valores sociales que se estima que deben ser respetados por todos sin discusión. Es decir, que las leyes tienen un papel disuasorio de aquellos comportamientos que están mal. No es lo mismo una ley que protege la vida humana que una norma administrativa.
En el caso que nos ocupa, la legislación que castiga el aborto, no lo hace porque le traiga sin cuidado el drama de la mujer que aborta, sino porque entiende que debe proteger la vida humana desde su inicio hasta su fin natural como algo de gran valor, tanto para el individuo concreto (el amor a la vida es natural en el ser humano), como para la sociedad (toda vida humana debe ser protegida sin discriminación alguna).
En mi opinión, la consideración de que una ley “por perfecta que sea” no resolverá el problema del aborto, parece mirar más hacia otro lado que afrontar el problema, quizá por un prejuicio antijurídico, que sin embargo no se traslada a la defensa de otros bienes en nuestra cultura. Así, por ejemplo, en el caso de la violencia doméstica, también se podría afirmar que el problema es el maltratador y no la ley, y en cambio, nadie lo afirma; hay un problema, que es la mujer maltratada y se pide que la ley la defienda castigando al agresor.
Sobre la postura de la Iglesia en este tema, afirma Gaspar Mora que Jesucristo ha venido a amar y salvar, y no a condenar. Precisamente por eso la Iglesia perdona siempre también a las que abortan; sin embargo parece que está fuera de duda que Cristo nunca dijo que el adulterio, el robo, etc. fueran buenos, si bien su actitud fue de perdón ante las miserias humanas.
Parece que una sociedad sin necesidad de leyes sería una sociedad casi angélica, que se presenta como una utopía, bonita pero irreal.
Con el “sí a la vida” que finaliza la entrevista me parece que todos estamos de acuerdo –el bien es lo que todos desean–, no obstante, este sí no puede conseguirse en la situación actual del ser humano si al mismo tiempo no se reafirma con un “no al aborto”, también con penas adecuadas a quienes no lo respetan, sin olvidar la caridad que merece toda persona humana.

M. Masats Roca

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