Català Castellano

Del Via Crucis rezado, al Via Crucis vivido

Por Francesc Xavier Bisbal i Talló
Publicado el 15 de marzo de 2010

La Cuaresma es un tiempo indicado para considerar, meditar y profundizar en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, ese momento crucial de la historia de la salvación en el que Dios se humilla hasta el extremo, en forma de esclavo, de torturado, y desde su aniquilamiento absoluto toma sobre sí –libremente y por amor– el pecado de todos los hombres.

Por la fe sabemos el significado humano-divino de aquel acontecimiento: es la Redención de nuestra humanidad tomada en su totalidad, dando un nuevo sentido a la muerte y al sufrimiento, haciéndolos camino de Salvación.

¿Por qué tienen tanto éxito los pasos de Semana Santa, en nuestra tierra, por ejemplo en Tarragona u Hospitalet, con las representaciones de la Pasión de Cristo? Sin duda porque se ve –especialmente por parte de los que sufren– a Alguien con quien se pueden identificar; es un pasar –pascua viene de 'paso'– por el mal del mundo no racionalista, sino del mundo existencial, vital; "no es una explicación sino un evento", dice Joseph Ratzinger en 'El Dios de los Cristianos'. Porque a quien sufre de poco le sirven las explicaciones... todos los dolientes pueden experimentar que en ellos mismos "Cristo sigue sufriente y muriendo. En los rostros de los 'derrotados por la vida', se dibujan las facciones del rostro de Cristo que muere en la cruz ", (Juan Pablo II - Via Crucis en el Coliseo 1998).

Para usar el latín, siguiendo las palabras de Etty Hillessum asesinada en Auschwitz, hay momentos de la vida en que la mera ratio no es suficiente, y convendría añadir una 'o', y entrar en el campo de la o-ratio, en que todas las cosas –incluso el sufrimiento– adquieren una nueva dimensión.

La piedad cristiana ha vivido tradicionalmente esta oratio con el acercamiento a la Pasión y Muerte a través de la devoción del Via Crucis, el camino de la Cruz.

Al parecer, esta devoción nació en Jerusalén, donde la llamada 'vía dolorosa' era lugar de peregrinación de muchos fieles, y se marcaron algunas 'estaciones de la cruz', y se pasaba recordando la Pasión. Probablemente fueron los franciscanos, custodios de Tierra Santa, quienes a partir del siglo XIV establecieron el Via Crucis, similar a como lo conocemos hoy en día. El peregrino Guillermo Wey en las narraciones de sus estancias en Jerusalén, ya menciona a mediados del siglo XV las catorce estaciones, aunque no corresponden a las que tenemos hoy.

Por el hecho de la distancia y las invasiones musulmanas, muchos cristianos no podían ir a Tierra Santa y surgió la necesidad de representarla en lugares más asequibles. Por ejemplo el convento de los dominicos de Córdoba, en el siglo XV, se pintaron las principales escenas de la Pasión en forma de estaciones. Más tarde aparecieron devocionarios con el Vía Crucis; merece ser destacado el de Arichomius, en 1584.

Un siglo más tarde, el Papa Inocencio XI concedió a los franciscanos el derecho de erigir estaciones en sus iglesias, con las mismas indulgencias que tienen los santos lugares de Tierra Santa. En 1731, Clemente XII extendió el privilegio a todas las iglesias y se fijó definitivamente en 14 el número de las estaciones.

La mayoría de las estaciones son extraídas de los mismos relatos de los evangelios, pero hay algunas excepciones. En cuanto a las estaciones que narran tres caídas –la tercera, la séptima y la novena– hay que decir que son históricamente muy probables y que se deducen del hecho de pedir ayuda a Simón de Cirene –la quinta estación, que encontramos en Mt 27, 32, Mc 15, 21 y Lc 23, 26–. También es muy probable que a lo largo del camino de la Cruz, Jesús se hubiera encontrado con su madre, teniendo presente que el cuarto evangelio (Jn 19, 25-27) la sitúa a los pies de la Cruz. El episodio de la Verónica, extraído del evangelio apócrifo de Nicodemo (que lo identifica con la hemorroisa curada por Jesús), puede referirse perfectamente a alguna de las mujeres que presencian la Pasión (Lc 23, 27ss.) , algunas que saben ver el verdadero rostro sufriente de Jesús, y de aquí su nombre simbólico (vera icono - verdadera imagen).

Por último cabe añadir que Juan Pablo II propuso en 1991 un nuevo Via Crucis, con todas las estaciones extraídas de los evangelios, proponiendo las siguientes: Jesús en el Huerto de los olivos, Jesús traiciona por Judas y arrestado, Jesús condenado por el Sanedrín, Jesús negado por Pedro, Jesús flagelar y coronado de espinas, Jesús promete el Reino al buen ladrón y Jesús resucita. Es de subrayar que este nuevo Via Crucis culmina con la Resurrección e incluye un total de quince estaciones, quedando finalmente así:

  1ª.- Agonía de Jesús en el huerto de los olivos.
  2ª.- Jesús traicionado por Judas es arrestado.
  3ª.- Jesús condenado por el Sanedrín (noche de malos tratos.)
  4ª.- Jesús negado por Pedro.
  5ª.- Jesús juzgado por Pilatos.
  6ª.- Jesús azotado y coronado de espinas. (Ecce Homo)
  7ª.- Jesús carga con la cruz.(Caídas)
  8ª.- Jesús necesita la ayuda del Cirineo.(Caída)
  9ª.- Jesús se compadece de las piadosas mujeres de Jerusalén. (Puede incluir la Verónica)
10ª.- Jesús es crucificado. (Expolio e insultos de los fariseos)
11ª.- Jesús promete su Reino al buen ladrón.
12ª.- Jesús en la cruz, nos da su Madre.
13ª.- Jesús muere en la cruz.
14ª.- Jesús es sepultado.
15ª.- estación: Jesús Resucita.
 
En todo caso, es una excelente oración vocal para todos los viernes, especialmente los de Cuaresma y de Semana Santa, y muy recomendada en los ejercicios espirituales o retiros en general. El mismo Papa Juan Pablo II desde su ordenación sacerdotal lo rezaba todos los viernes, y en su lecho de dolor, la víspera de su muerte, le leyeron las estaciones del Via Crucis.

Se pueden rezar ante un Crucifijo en la iglesia o en casa, se pueden coger vía crucis escritos por santos o autores espirituales; incluso se pueden apuntar en la agenda o una libreta e ir repasandolas durante el día, estando en el metro o por calle, tal como podemos hacer con el Rosario.

Es un arma más que nos da la tradición espiritual de la Iglesia para vivir más cerca de Jesús, para identificarnos más con el amor entregado, radical, gratuito que nos mostró en su Pasión, para que nosotros –en la vida corriente– también trasluzcamos ese Cristo amoroso, en nuestras palabras, en nuestras acciones, en nuestro rostro y, al mismo tiempo, vayamos adquiriendo la virtud de la penitencia –sin olvidar nunca que en la contemplación del Via Crucis estarán todos nuestros pecados– que, con lucha y constancia, nos hace afinar en el seguimiento de Jesucristo, que es Camino, Verdad y Vida.

Francesc Xavier Bisbal i Talló

Comparte