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Cristianos perseguidos hoy

Por Lluis Foix
Publicado el 07 de enero de 2011
No sé si hay un choque de civilizaciones. Lo que sí existe es un choque frontal de religiones en los países de mayoría musulmana. ¿No habremos retrocedido, todos juntos, unos cuantos siglos?
 Las imágenes del atentado contra una iglesia cristiana de ritos copto en Alejandría me han evocado una estancia de una semana apenas hace un año en la ciudad fundada por Alejandro Magno y que a lo largo de los siglos ha sido un símbolo de encuentro entre Occidente y Oriente. Nada hacía pensar que en los alrededores de la extraordinaria Biblioteca Alejandrina, construida de nuevo con todas las herramientas de la modernidad tecnológica y cultural, se pudiera producir una matanza en una de las pocas iglesias cristianas de la metrópoli que se extiende por el enorme delta del Nilo. Lo que ha pasado en Alejandría confirma que el aumento del extremismo islámico está golpeando violentamente las comunidades cristianas, cada vez más reducidas en el mundo musulmán. En un informe publicado por la revista alemana Der Spiegel hace unos meses se afirmaba que los cristianos son hoy el grupo religioso más perseguido en todo el mundo. Un índice de persecución global del cristianismo afirma que Corea del Norte es el país donde la discriminación contra los cristianos es más cruel, desde hace muchos años, y conlleva condenas a campos de trabajo. En la lista figuran a continuación Irán, Arabia Saudí, Somalia, Maldivas y Afganistán. De los diez países líderes en las prácticas sistemáticas persecutorias, ocho son islámicos y casi todos tienen el islam como religión del estado.
Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, publicaba un libro hace dos años que llevaba el título de El siglo de los mártires y que relataba las persecuciones que los cristianos habían sufrido el siglo pasado. Paralelamente, el director del The Economist publicaba God is back, donde hacía un largo recorrido por los continentes hablando de cómo la revitalización global de la fe estaba cambiando el mundo. La sistemática persecución de cristianos en el siglo XX fue perpetrada por estados totalitarios como la Unión Soviética, China y también la Alemania nazi. La diferencia con el momento actual es que la persecución no está siempre organizada por estados totalitarios sino por ciudadanos residentes en estados islámicos, fundamentalistas fanáticos, sectas religiosas y también por gente que cree tener fobia a los cristianos. Es interesante señalar como en muchos países de Oriente Próximo el cristianismo llegó mucho antes que el islam. El caso de Egipto es incuestionable.
Uno de los lugares donde se han producido más ataques a los cristianos ha sido Irak, donde, por cierto, también son muy frecuentes los ataques sectarios entre suníes y chiíes. En el último censo iraquí de 1987, en plena dictadura de Saddam Hussein, los cristianos eran 1,4 millones. Al comenzar la invasión de Estados Unidos y de sus aliados en 2003, la cifra se había reducido a menos de 400.000. Desde entonces, decenas de miles han huido a lugares más seguros, como Jordania y Siria, aunque la condición de cristiano es más vulnerable que nunca en aquella parte del mundo. La persecución no es tan brutal en la mayoría de países musulmanes. En Argelia, por ejemplo, la cuestión llega a los diarios con noticias que hablan de que un cura ha intentado convertir a un musulmán o bien que ha insultado al profeta Mahoma. Otra acusación es la blasfemia, que se puede producir simplemente no aceptando los valores centrales del islam y que afecta a menudo a periodistas, disidentes o cristianos. También en países más tolerantes, como Turquía, el estado más tolerante y más cercano a Europa del mundo musulmán, los 110.000 cristianos sufren discriminación. Los descendientes de los dos millones de cristianos que había en Turquía cuando era el centro del imperio otomano luchan por su subsistencia. Más perseguidos que los cristianos tradicionales son los conversos, que son acusados de apostasía, castigada con la pena de muerte en estados como Irán, Yemen, Afganistán, Somalia, Mauritania, Pakistán, Qatar (el país que lleva la camiseta del Barça) y Arabia Saudí. Construir una nueva iglesia está prohibido y reparar las existentes es prácticamente imposible, ya sea por falta de recursos o por la negativa administrativa a conceder permiso para renovarlas.
Es curioso como todos estos países están representados en las Naciones Unidas sin que nadie se preocupe de que acepten y cumplan la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que garantiza, entre otros derechos, la libertad religiosa. El caso de China es bastante significativo si consideramos que el cristianismo crece al margen de las autoridades y de los impedimentos que se ponen a todas aquellas instituciones que tienen raíces o fisonomía cristiana. Bernard-Henri Lévy, judío, escribía en El País el 22 de noviembre y condenaba el antisemitismo vigente en muchos lugares de la Europa civilizada y, a la vez, hacía una defensa de los cristianos en el mundo musulmán. Decía, por ejemplo, que la Junta de Eritrea prometió que haría una "purga" de cristianos evangélicos y que se desharía de todos antes de Navidad. No sé lo que ha pasado.
Como tampoco sabemos lo que pasa en Sudán y en Gaza, donde un tal Waleed al-Husseini, hijo de un peluquero, había sido encarcelado por haberse atrevido a criticar al islam en su blog evocando el cristianismo sin desautorizar-lo . El escritor judío decía que no había permiso para matar a los seguidores del Papa Benedicto XVI para practicar sus creencias. Son los descendientes de los primeros tiempos de la era cristiana, los caldeos, los coptos, los armenios y los nestorianos, los que son privados de su libertad en la tierra de sus antepasados. Un responsable del Vaticano denunció la semana antes de Navidad que cada año son asesinados unos 150.000 cristianos en todo el mundo. El Papa decía que "la libertad religiosa no es patrimonio de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la Tierra". Condenó el fanatismo y el fundamentalismo contra las prácticas contrarias a la dignidad humana que, según él, "nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión". Paradójicamente, la esperanza de los cristianos de Oriente depende en buena parte de la moderación de los dirigentes políticos y religiosos. Un alto representante de la autoridad suní, Ahmed al-Taieb, decía hoy que la unidad entre la cruz y la media luna es ahora más necesaria que nunca.
No sé si hay un choque de civilizaciones. Lo que sí existe es un choque frontal de religiones en los países de mayoría musulmana. ¿No habremos retrocedido, todos juntos, unos cuantos siglos?
 
Avui, 05/01/11 02:00 - LLUÍS FOIX

 

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